Tecnología sin tacto

Cada día es más difícil escribir. En un teléfono móvil es infernal. En una tablet ya es directamente imposible redactar. El teclado ya sólo resiste en los ordenadores.

Pero ahora los portátiles cada vez son más finos y están reduciendo la profundidad de las teclas. Vale, es más cómodo que teclear en las antiguas máquinas de escribir, pero la sensación ya es excesivamente leve. Quizás por eso ya sólo decimos cosas superficiales, porque las teclas ya no son profundas.

La tecnología cada vez es más fría. Literalmente. Los metales, los plásticos, el cristal de la pantalla, todo es frío y rematadamente liso. A los humanos nos gusta el relieve, la rugosidad, la madera. El tacto es nuestro sentido más importante y nadie lo está teniendo en cuenta.

Fijaos que he leído por ahí que el tacto es el único sentido del que no podríamos prescindir. No sabríamos si hace frío o calor, no sentiríamos el suelo bajo nuestros pies… Ojo porque no podríamos ni andar. Es una locura todo lo que nos da el tacto. Por no hablar de los afectos. Caricias, besos, abrazos…

Cuanto más se nos escapa el presente, más vivimos en el pasado y en el futuro. Habitamos un lugar entre la nostalgia y la esperanza. Las series, por ejemplo, combinan elementos vintage con ciencia ficción. Ya no hablan de lo que pasa, sino de lo que puede ser que pase o pasase en algún momento. Pasado o futuro.

Curiosamente en el futuro, la tecnología deja de ser dispositivo para convertirse en personas. Cyborgs hiperralistas de los que nos podremos enamorar y, sobre todo, tocar. La gran promesa de la tecnología es ser una dispensadora de cuerpos. De afectos a medida completamente controlables por nosotros. Como un Tinder tan evolucionado que directamente cree organismos con mentes esclavizadas a nuestras emociones y locuras.

Pero la realidad es que el presente se nos escapa y consumimos redes y tecnología con la esperanza de algún día ser tocados. Nos venden un futuro en el que podremos follar con dispositivos. Sin embargo pasamos nuestro tiempo con pantallas que son cada vez más lisas y más frías.

Mientras nuestro tacto se atrofia, nuestra vista y nuestro oído viven en una ficción. En la burbuja de una realidad aumentada. En un país de las maravillas que está en ninguna parte y en ningún momento.

Y cómo cuesta escribir estas cosas en un teclado tan fino…

0 comments