Los que no querían oír

La manifestación del 15 de mayo se ha estado gestando desde hace mucho tiempo. Manuel Castells uno de los mejores sociólogos del mundo ya analizó la repercusión que tuvo en la campaña de Barack Obama la actividad en las redes sociales. Desde ese momento espacios como Facebook y Twitter se están mostrando como claves para entender el comportamiento del electorado.

En la pasada gala de los Goya Alex de la Iglesia lo dijo muy claro. No somos internautas, sino ciudadanos. La Ley Sinde fue el pistoletazo de salida para #nolesvotes, uno de los hashtags que derivaron en todos estos movimientos y que hemos analizado recientemente. La presencia de los Anonymus se vivió por los medios como una anécdota.

En esta campaña los políticos sabían que las redes sociales serían determinantes y, con ese objetivo, se lanzaron a crear cuentas de Facebook, Twitter y hasta listas en Spotify. Un espectáculo, en la mayor parte de los casos, lamentable que no hizo más que poner en evidencia que su interés era estrictamente puntual (buscar votos durante la campaña) y en ningún momento supone lo que las propias redes demandan, una mayor participación de la ciudadanía en las decisiones políticas.

Los medios de comunicación llevan meses hablando de movilizaciones de ninis, reduciendo el malestar y las protestas de varias generaciones a un asunto anecdótico y casi irónico. A los medios todo esto les ha cogido con el pie cambiado e intentan reaccionar tarde y mal. En las tertulias se sigue hablando de los jóvenes en tercera persona. En qué cabeza cabe que una sociedad mire a los jóvenes como «los otros». Mientras se analizaban los movimientos en Egipto y en el Norte de África jactándonos de nuestra superioridad, se miraba hacia otro lado con los trending topic de España.

Una gran parte de la sociedad (no sólo jóvenes) no se ve representada ni en los partidos que tienen posibilidad de gobernar, ni en los propios medios de comunicación y yo me pregunto: ¿Cómo es posible que pensasen que esto no iba a suceder?

¿En qué se parecen Mubarack y Bisbal?

El reciente corte de Internet por parte de Mubarack en Egipto ha dejado en evidencia que las redes sociales son un instrumento de movilización y de comunicación masiva. A diferencia de otros medios unidireccionales como la televisión, las redes no son fácilmente manipulables por los gobiernos ya que ponen en contacto a muchas personas entre sí. Es más fácil controlar a un medio de comunicación que a infinitos micromedios.

Desde una óptica completamente diferente, Bisbal seguro que también hubiese deseado el cierre de la red en España cuando todo Twitter se le echó encima por un comentario muy desafortunado precisamente sobre el tema de Egipto. Gracias a esto parece que, hasta la televisión, se ha dado cuenta de que Bisbal no destaca por su inteligencia. Menudo descubrimiento…

La verdad es que no he lanzado ningún tweet con #turismobisbal porque he sentido lástima al ver el linchamiento. Desde mi punto de vista, este chico no es más que el reflejo del ocaso en España de una forma de ver el arte y la cultura. Es el último producto de una fábrica que empezó con el la, la, la y terminó con el show de Truman en el que vimos crecer al pequeño David.

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Piratas, representantes, televisiones y discursos facilones.

Con motivo de la Ley Sinde estamos viviendo una verdadera guerra de los medios. Es impresionante como los discursos de la red son completamente opuestos a los de la televisión. Por un lado tenemos a los medios tradicionales apoyando la voz política general de «hay que estar en contra de la piratería» y, por otro lado, la visión poliédrica de internautas que va desde el complejo discurso sobre la modificación de los derechos de autor o la neutralidad, hasta ese pensamiento más o menos compartido de «ojalá que no cierren SeriesYonkis».

La democracia se ha instaurado tanto en nuestras cabezas que vemos normal que se hable de «representantes de los internautas». ¿Y quiénes son estos?, ¿Toxo y Cándido Méndez? Ya tenemos todas las partes necesarias para escenificar un espectáculo pobre en el que, nuevamente, los medios tradicionales siguen ganando la partida a los multidiscursos de la red.

Los medios tradicionales, unidireccionales y adoctrinantes con los políticos a la cabeza (o a la cabeza de los políticos) salen a la defensa de la propiedad intelectual y anulan la posibilidad de debate, simplificando. Mientras, en Internet, la mayoría flotamos en una balsa de aceite que flota sobre un mar de reflexiones que hablan de los cambios a los que nos tienen que llevar las nuevas formas de distribución de la cultura. Pero somos, en gran medida, impermeables.

La criminalización de la red sigue presente y es efectiva. Y que a nadie le extrañe que estas lecturas simplonas se trasladen a temas más importantes y a los que ahora se les llama piratas, más tarde se les llame terroristas. La televisión es la que manda y ella es así.

La foto es de: Isidro Cea

Social Media: Algo más que una burbuja

Supongo que ya muchos habéis oído hablar de la historia de Rockefeller. Que allá por el 29, decidió retirar su dinero de la bolsa, cuando un limpiabotas le pidió consejo sobre sus inversiones en este mercado.

Aun siendo un poco dudoso y clasista este ejemplo sirve para ilustrar cómo se forman las burbujas. Básicamente se debe a la masificación y el exceso de confianza en una forma de hacer dinero. En el caso de la vivienda se produce cuando se invierten de forma generalizada ahorros y excedentes en la compra de inmuebles. En el caso de los mercados financieros cuando especuladores con mucha pasta se intercambian cromos de especulación hasta que, en alguna parte, el valor de uso se rebela contra el valor de cambio (esto es de Marx…) y se desmorona el sistema.

En base a esto me atrevo a decir que para que haya una burbuja lo primero que tiene que pasar es que no creamos que puede haber una burbuja.

En Internet también vivimos nuestra particular burbuja allá por el 99. El boom de las puntocom fue un verdadero furor. Todavía recuerdo la imagen del fundador de “mercadolibre.com” en un flamante descapotable y las subidas en bolsa de 15% diario.

Diez años más tarde aparecen las redes sociales en uno de los peores momentos de la economía occidental y muchos profetas aventuran que se trata de la siguiente burbuja. Pues bien, ahí teníamos la clave de que no se trataba de una burbuja. Un contexto como el de 2009 plagado de temores, con las experiencias anteriores y con todo tipo de alarmas burbujistas es el terreno ideal para que se produzca un crecimiento lógico.

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